Nadie lo hará mejor que tú.

Nadie lo hará mejor que tú.

Oír esa expresión en nuestro ambiente cotidiano, podría generar lo que popularmente llamamos un “chinazo”, pero en realidad, es la expresión más clara para titular la nota del tema que quiero escribir en estas breves líneas.
Pasamos la vida creyendo que el hecho de encontrarnos con gente que nos hace un poco más ligera la carga, que comparte nuestros sueños o que sencillamente tropieza con nuestros caminos, significa que pueden ayudarnos a alcanzar nuestra meta, y la triste realidad es que no siempre es así. He llegado a entender que es difícil andar al mismo ritmo del resto del mundo, por muy cercana, querida o amada que pueda ser una persona no significa que estará “patria o muerte” con nosotros y que comprenderá nuestros tiempos, premuras o calmas.
El tiempo parece andar más pronto de lo normal, despertamos muy temprano y al cabo de unas cuantas acciones ya el sol cae y viene la noche de nuevo, esto en consecuencia significa que debemos ajustarnos a ello, no podemos pensar ni esperar mucho de aquellas típicas expresiones de “cuenta conmigo, te apoyo, estoy contigo, en que te ayudo”, nadie será capaz de elevar y alcanzar tus sueños de la manera que lo podemos y debemos hacer nosotros mismos.
Nadie será capaz de forjar aquello que anhelamos desde lo más profundo de nuestro ser, que nosotros mismos, esa fortaleza solo la desarrollamos nosotros, y es de allí de donde debemos comprender que somos únicos responsables de nuestra felicidad, de nuestra posibilidad de sentirnos bien y a gusto con la vida, con el entorno y con la realidad.

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